Puerto España quiere certezas, no sobresaltos
El ministro de Energía de Trinidad y Tobago, Roodal Moonilal, salió a transmitir tranquilidad: las autorizaciones que permiten explotar gas venezolano seguirían en pie aunque el mapa político de Washington se reacomode tras las elecciones de medio mandato. Los nombres clave son dos: Dragón y Loran. El primero, ubicado en aguas venezolanas cerca de la isla, acumularía alrededor de 4,2 billones de pies cúbicos de gas, volumen suficiente para alimentar buena parte de la industria de gas natural licuado y petroquímica trinitense.
La agenda de Puerto España es concreta y tiene tres patas: asegurar suministro de gas, rescatar su refinería de Guaracara en Pointe-a-Pierre y volver a atraer capitales a la industria de fertilizantes. Los equipos técnicos tienen previsto viajar a Venezuela para cerrar los cabos sueltos y, según el ministro, la idea es firmar con los ministros de Energía de ambos países antes de que termine noviembre. En paralelo se trabaja en el acuerdo de medición y contabilidad de Loran, un requisito que la licencia exige dentro de plazos bastante rígidos.
La letra pequeña que define todo: OFAC
Más allá del discurso diplomático, lo que sostiene el proyecto son las autorizaciones específicas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro estadounidense, que cubren a la Compañía Nacional de Gas de Trinidad (NGC) y a socios internacionales como Shell. Y aquí conviene ser precisos: una licencia específica no es un cheque en blanco. Tiene alcance limitado, vencimientos, obligaciones de reporte y puede reescribirse si cambia el humor regulatorio en Washington.
Por eso el equipo trinitense insiste en que su cronograma no depende del resultado electoral: lo que se juega es la continuidad operativa de un negocio que tarda años en madurar y que no admite pausas de seis meses. La historia reciente ya mostró lo frágil que puede ser: a finales de 2025 Venezuela anunció el fin de los tratos de suministro de gas a Trinidad en medio de tensiones diplomáticas, y luego el péndulo volvió a moverse hacia la cooperación. Ese ida y vuelta es el principal riesgo de inversión.
Del gasoducto al mercado P2P: el canal de transmisión
¿Qué tiene que ver todo esto con el día a día de quien cambia USDT por bolívares? Más de lo que parece, aunque el efecto sea lento. Cada avance real en Dragón y Loran implica desembolsos en divisas, compras locales de servicios, contratación de personal técnico y pagos transfronterizos. Ese flujo se traduce, con el tiempo, en más oferta de dólares en la economía formal y en menor presión sobre el tipo de cambio paralelo.
La transmisión no es inmediata ni automática. Pero el mercado P2P venezolano es, sobre todo, un mercado de expectativas. Cuando aparece una señal de inversión extranjera sostenida, los spreads del USDT suelen estrecharse porque los operadores anticipan mayor disponibilidad de divisas; cuando predomina la incertidumbre —una licencia que se tambalea, un anuncio de ruptura— la prima del stablecoin se infla y el bolívar pierde terreno más rápido.




