Un tubo dormido que vuelve a la agenda
Ecopetrol confirmó que el Gobierno colombiano metió la recuperación del Gasoducto Binacional Antonio Ricaurte dentro de los Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (PINES). En cristiano: la tubería que conecta a Colombia con Venezuela, con más de diez años sin operar, deja de ser un discurso diplomático y pasa a tener etiqueta de proyecto prioritario. La empresa lo vendió como parte de su «renacer» y como una vía para diversificar las fuentes de gas natural que alimentan el sistema de transporte colombiano.
El comunicado es claro en un punto que vale la pena subrayar: la idea es incorporar gas venezolano al sistema colombiano para distribuirlo internamente. No se trata de un gesto de hermandad bolivariana, sino de una necesidad de abastecimiento del lado neogranadino, que arrastra déficit de gas y busca alternativas mientras sus propios campos maduran a la baja.
De los discursos a la tubería
Hay una frase del texto de Ecopetrol que resume el historial: durante años hubo anuncios de cooperación energética con Venezuela, pero sin inversión real en infraestructura, y el gasoducto siguió deteriorándose sin beneficio para nadie. Con la inclusión en los PINES, el objetivo declarado es pasar de la retórica a la ejecución. Traducido al lenguaje criollo: menos fotos y más válvulas, compresores y mantenimiento.
Y ahí está el primer matiz que conviene no perder: rehabilitar un ducto inactivo durante más de una década no es un switch que se apaga y se prende. Requiere inspección, reparación de tramos, certificación y, sobre todo, voluntad política sostenida en el tiempo. Los proyectos de infraestructura energética se miden en años, no en trimestres.
Qué significa para el bolívar, el dólar y el USDT
Aquí viene la parte que le interesa a nuestra gente. Cada vez que aparece una noticia de este tipo, en los grupos de Telegram y WhatsApp de traders P2P empieza el runrún: «¿esto tumba el paralelo?», «¿me salgo del USDT?», «¿aguanto los bolívares?». Vamos por partes.
Primero, el canal de transmisión es real pero lento. Si el gasoducto se reactiva y Venezuela logra colocar volúmenes de gas en Colombia, eso representa ingresos externos para el país, y eventualmente más divisas entrando al circuito oficial. Más oferta de divisas, en teoría, presiona a la baja el tipo de cambio. Pero estamos hablando de un flujo que, en el mejor de los escenarios, se materializa con infraestructura reparada, contratos firmados y precios acordados. Nada de eso ocurre en la semana en que se publica un comunicado.
Segundo, el mercado P2P venezolano no se mueve por titulares energéticos, se mueve por liquidez real, por el ritmo de emisión monetaria, por la estacionalidad de las remesas y por la percepción de riesgo de los usuarios. La referencia USDT/VES que se negocia en plataformas peer-to-peer responde a la oferta y demanda de quienes compran y venden en el día, no a lo que diga Ecopetrol en su portal corporativo.
Tercero, ojo con el sesgo de confirmación. Cuando una noticia es positiva, algunos operadores asumen que el bolívar se va a fortalecer y sueltan sus stablecoins baratas; cuando es ambigua, otros corren a comprar. Ambas reacciones suelen ser malas consejeras. La regla de oro sigue siendo la misma: no se opera el tipo de cambio con base en una sola nota de prensa.




