El anuncio no sorprendió a nadie que viva en Venezuela, pero sí puso fecha al problema. Carlos Mousadi, presidente de GE Vernova Venezuela, dijo en el Startup Venezuela Summit 2026 que una mejora real del servicio eléctrico tomaría entre ocho meses y un año, y eso en el escenario más optimista: con equipos comprados, fabricados, embarcados e instalados. Traducido al calendario doméstico, la temporada de apagones que viene no es la última.
Ocho meses, un año… y turbinas que no están en vitrina
El ejecutivo fue claro en un punto que muchos pasan por alto: el problema no se resuelve con voluntad política ni con un decreto. Las turbinas de gas que necesita el país para recuperar generación térmica se fabrican por encargo, y la producción de General Electric está comprometida hasta 2029, 2030 y en algunos tamaños hasta 2031. Es decir, Venezuela compite por equipos con el resto del mundo en una cola que ya va por varios años.
Mousadi explicó que se están haciendo esfuerzos por conseguir turbinas con urgencia a solicitud del Gobierno, mientras se evalúa la instalación de equipos de ciclo combinado clase H para reemplazar unidades con más de 25 años de servicio. La apuesta técnica: usar más gas, un recurso que el país tiene y que hoy se desperdicia, para abaratar el kilovatio.
El cuello de botella está en la transmisión, no en la generación
Ahí está el dato que más debería importar. Según el presidente de GE Vernova Venezuela, la limitante actual no es cuánta energía se produce, sino la capacidad de moverla. La línea de transmisión de 765 kV que va desde el Bajo Caroní hasta el centro del país no está operativa del todo, y el centro es precisamente donde se concentra la población y donde el servicio se cae con más frecuencia.
El Departamento de Energía de Estados Unidos, junto con especialistas, estaría corriendo análisis técnicos para ver cuántos kilovatios adicionales puede transportar esa línea. En paralelo, la recuperación hidráulica también ronda el año, porque hay subestaciones clave que necesitan modernización. Y hay un detalle humano que suele quedar en segundo plano: el personal de Corpoelec opera equipos sin los repuestos que el fabricante exige, y ahora entra en un plan de recertificación en generación térmica e hidráulica.
Qué implica esto para el mercado P2P y los usuarios de USDT
En PitbullChain lo hemos dicho varias veces: la economía cripto venezolana no flota en el aire, depende de electricidad, internet y batería. Cada apagón prolongado golpea tres cosas a la vez. Primero, la conectividad: sin luz el nodo se cae, el router se apaga y la operación en el exchange se interrumpe, justo cuando el precio del USDT frente al bolívar se mueve más por la incertidumbre. Segundo, la banca digital: los canales electrónicos de los bancos, los pagos móviles y los puntos de venta se vuelven intermitentes, y quien tenía una orden de compra abierta se queda mirando la pantalla. Tercero, la confianza del comerciante, que prefiere cerrar en efectivo antes que arriesgar una transferencia que no se confirma.
El resultado típico es un patrón que ya conocemos: caída brusca de volumen durante el corte y un pico de actividad cuando vuelve la luz, con spreads más anchos porque hay más urgencia que oferta. En esas ventanas, el diferencial entre el P2P y la referencia del BCV suele ampliarse, y los usuarios con reservas en stablecoins aprovechan para tomar posiciones.




