El nuevo texto de la Ley Orgánica de Hidrocarburos llegó con una promesa grande: simplificar la maraña tributaria que durante años frenó la actividad petrolera y devolverle espacio al capital privado. Sin embargo, los tributaristas Juan Korody y Rafael Pacheco, durante la conferencia “Efectos fiscales para los operadores de actividades primarias de hidrocarburos” del Grupo IDEAS para Venezuela, dejaron claro que simplificar no es lo mismo que resolver. Y hay un detalle que nos toca de cerca en PitbullChain: buena parte de los huecos que quedaron abiertos son, precisamente, temas de divisas, de IGTF y de cómo se maneja el dólar dentro de la economía formal.

Menos tributos, pero con tareas pendientes

El esquema sustituye la sopa de impuestos del modelo anterior por una regalía única de hasta 30% y un impuesto integrado de hasta 15%, con alícuotas combinadas que se mueven entre 20% y 35% según el tipo de campo. También prevé rebajas de hasta cinco puntos para proyectos costa afuera o con plantas de mejoramiento, y libera a los operadores de varias contribuciones parafiscales y de ciertos tributos estatales y municipales.

Sobre el papel suena bien. El problema es el diseño fino. Korody fue directo al grano: calcular el impuesto integrado sobre ingresos brutos devengados y no sobre la renta real significa que al operador no se le pregunta si ganó o perdió. Para el especialista, ese mecanismo puede chocar con el principio constitucional de capacidad contributiva, algo que en un negocio de inversiones millonarias y ciclos largos no es un detalle menor.

Los pecados de origen del régimen

Pacheco, participando desde Brasilia, señaló que la distinción entre campos greenfield y brownfield será determinante para cada proyecto, porque puede traducirse en una diferencia de 10 a 15 puntos en la carga fiscal. También advirtió que la revisión por equilibrio económico —limitada a una vez cada cinco años y a un máximo de tres oportunidades— luce lejana para un mercado que se mueve a diario con la volatilidad del crudo.

Y luego viene la lista de pendientes que la primera ronda de contratos dejó sin cerrar: falta de reglas claras sobre una moneda funcional en dólares para el impuesto sobre la renta, límite de tres años y 25% para trasladar pérdidas fiscales, dudas sobre la deducibilidad de regalías e impuesto integrado, y la imposibilidad práctica de recuperar los créditos fiscales del IVA. Sobre esto último Pacheco fue contundente: cuando hay un 16% que no se recupera, las evaluaciones de proyectos se retrasan o simplemente no son viables.

Lo que esto significa para el mercado P2P y el USDT

Aquí está el punto que más nos interesa. Cuando un tributarista serio pide “reglas claras sobre una moneda funcional en dólares”, no está hablando de un capricho contable: está reconociendo que en Venezuela ya se opera en dólares de facto. Y eso es exactamente el mismo terreno donde vive el mercado P2P de USDT.

Si el petróleo arranca con operadores privados que asumen íntegramente costos y riesgos, y que incluso pueden ser propietarios del crudo extraído, el flujo natural de esas empresas será en divisas: pagos a proveedores, nómina técnica, contratistas internacionales. Sin canales bancarios fluidos, esos dólares terminarán pasando por los mismos rieles que usa el venezolano común: exchange P2P, wallets y stablecoins. La pregunta no es si el USDT aparece en la ecuación petrolera, sino a qué precio y con qué contrapartes.

El IGTF, el enemigo silencioso del dólar digital

Korody lo dijo sin rodeos: el IGTF “distorsiona totalmente la toma de decisiones en el mercado”. Para quien mueve USDT/VES a diario, esa frase no es teoría. El impuesto a las grandes transacciones financieras empuja operaciones hacia fuera del sistema bancario, encarece el pago en divisas y castiga a quien quiere usar la banca formal. Cada vez que se sube el costo de transar en dólares por canales regulados, el P2P respira un poco más.

Banca digital y competitividad: la pregunta que también nos toca

Pacheco reconoció una reducción del government take, pero recordó que otras jurisdicciones ofrecen condiciones más eficientes. Traducido al día a día: sin banca digital robusta, sin cuentas en divisas operativas y sin certeza tributaria, la inversión petrolera seguirá mirando de reojo a Guyana, Brasil o Trinidad. Y mientras eso no se resuelva, la economía venezolana seguirá resolviendo sus pagos por la vía cripto.

¿Y el precio del dólar?

Más inversión petrolera en divisas, si llega, podría aliviar la presión sobre el BCV y la brecha cambiaria en el mediano plazo. Pero el efecto no es automático: depende de cuánto de ese dinero entre al sistema formal y cuánto se quede circulando en el ecosistema P2P y en stablecoins. Esa es la variable que PitbullChain seguirá midiendo mes a mes.

Nuestra lectura

La reforma es un avance real, no un maquillaje. Pero mientras el impuesto se calcule sobre ingresos brutos, el IGTF siga distorsionando y no haya reglas claras para operar en dólares, el país seguirá dependiendo del ingenio de sus usuarios: del USDT como moneda funcional de hecho, del P2P como banca paralela y del dólar paralelo como termómetro. La ley cambió el marco. El mercado cripto venezolano ya venía adaptado desde antes.