El supermercado como termómetro engañoso

Las cifras suenan a recuperación: según el gremio de supermercados (ANSA), las compras en esos establecimientos subieron hasta 50% y las visitas de consumidores alrededor de 30%. Ítalo Atencio, presidente del sector, lo atribuye al empuje de las aplicaciones de «compre ahora y pague después» (BNPL). El ruido en los pasillos, sin embargo, no equivale a plata nueva en el bolsillo. La firma Trade Solutions lo advierte sin rodeos: hay una normalización del consumo en algunos rubros, pero eso no es lo mismo que un aumento estructural del ingreso disponible.

Traducido al venezolano de a pie: la gente no está comprando más porque gane más, sino porque ahora puede pagar después. En un país donde el crédito bancario al consumo lleva años prácticamente cerrado, la aparición de estos instrumentos cambia el ritmo de las compras, no la capacidad de compra. Es una redistribución del gasto en el tiempo, no un aumento de la torta.

Pagar en 14 días: alivio hoy, nudo mañana

El mecanismo es sencillo y por eso engancha. Se difiere el pago a 14 días, a veces sin inicial. En momentos excepcionales, como el doblete sísmico del 24 de junio, algunas plataformas soltaron compras sin pago adelantado. Ese tipo de flexibilidad funciona como un puente entre el día que cobras y el día que necesitas comprar, y para muchos hogares con ingresos irregulares es la diferencia entre llenar la nevera o no.

Pero el respiro tiene letra pequeña. Si el crédito está denominado en bolívares y el dólar se mueve en esos 14 días, el costo real del producto puede cambiar sin que nadie lo anuncie. El comerciante que indexa precios y cobra después asume un riesgo cambiario; el consumidor también. En una economía con inflación y tipo de cambio volátil, financiar consumo corriente en moneda local es apostar a que nada se mueva. Y en Venezuela, nada se mueve poco.

El otro «plástico» del venezolano es el USDT

Aquí es donde PitbullChain mete la lupa. Mientras el BNPL crece como crédito en bolívares, el mercado P2P de USDT/VES sigue siendo la verdadera herramienta de liquidez cotidiana de miles de venezolanos. La diferencia es de fondo: el BNPL te endeuda con una fecha de vencimiento y una cobranza; una stablecoin en tu wallet es ahorro líquido que vendes cuando lo necesitas, sin cuotas ni mora.

Por eso el dato del súper no debería leerse solo como señal de consumo. También revela dos velocidades: un segmento que accede a crédito formal o semiformar, y otro que resuelve su día a día comprando USDT en el P2P, pagando con Binance Pay, Zelle o efectivo digital, y aprovechando el diferencial entre la tasa oficial del BCV y el dólar paralelo. Ese diferencial sigue siendo, para muchos, el crédito más barato del país: cero intereses, cero papeles.

BNPL y P2P: dos caras de la misma sed de liquidez

No son enemigos, son primos. El BNPL le da al comercio formal una manera de mover inventario que antes no tenía; el P2P le da al usuario una vía para convertir bolívares en dólares digitales en minutos. Ambos fenómenos nacen del mismo problema: la banca tradicional dejó de prestar y la gente inventó sus propias tuberías financieras.

La pregunta incómoda es qué pasa cuando el BNPL madure. Si las cobranzas se endurecen, si aparecen listas de morosos y las tasas implícitas se vuelven explícitas, buena parte del tráfico extra en los supermercados puede evaporarse igual de rápido que llegó. Datanálisis ya lo documenta: el consumidor venezolano sigue siendo defensivo, altamente sensible al precio y enfocado en lo esencial, con perfiles que van desde el que compra solo lo indispensable hasta el que calcula cada gasto al céntimo. Ese consumidor no se volvió rico: se volvió más creativo para pagar.

Lo que conviene vigilar

Primero, la mora real de las plataformas BNPL: si sube, el modelo se aprieta y el comercio ajusta. Segundo, si empiezan a prestar en dólares o stablecoins, lo que trasladaría el riesgo cambiario directo al usuario. Tercero, si más comercios empiezan a ofrecer descuentos por pagar con USDT, señal clara de que el dólar digital gana terreno como medio de pago y no solo como refugio.

Conclusión: consumo no es bienestar

El aumento de visitas y de compras regulares es una señal de cambio en los medios de pago, no de solvencia de los hogares. Confundir la ilusión de mayor poder adquisitivo con recuperación económica es un error que se paga caro, sobre todo cuando la deuda se acumula y el sueldo sigue igual. En el Venezuela de 2026, quien quiera medir si la gente está mejor no debe mirar cuántos carritos hay en el pasillo, sino cuántos bolívares le quedan al usuario después de pagar la cuota. Y ahí, el USDT sigue ganando por goleada.