Un análisis firmado por Eduardo Rodríguez y William Fookes, ejecutivos de McKinsey & Company, y difundido por Valora Analitik, encendió la conversación económica de la semana: bajo supuestos favorables, el PIB venezolano podría multiplicarse entre tres y cinco veces en un horizonte de ocho a diez años. El titular es potente, pero la letra menuda importa tanto como la cifra, y para quien opera con USDT o hace P2P todos los días, hay bastante que leer entre líneas.
Lo que dice el informe (sin humo)
Los analistas no venden una profecía. Hablan expresamente de un escenario potencial, no de una previsión, y lo condicionan a que se mantengan la inversión, la capacidad productiva, el acceso a financiamiento y la evolución de sectores clave. Reconocen, eso sí, movimientos concretos en apenas seis meses: cambios en hidrocarburos, avances en minería, recuperación de rutas aéreas internacionales, anuncios sobre deuda externa y flexibilizaciones en restricciones que tocan al sistema financiero. Nada de eso es automático ni irreversible, pero el punto de partida es distinto al de años anteriores.
Las tres patas del escenario
El crecimiento que plantean se sostiene sobre tres variables: energía, inversión e intermediación financiera. El petróleo y el gas son el punto de partida más obvio; minería y agricultura aparecen como sectores con potencial de mediano y largo plazo. La tercera pata es la más silenciosa y, para nuestro mercado, la más relevante: que el crédito fluya.
El dato que le importa a PitbullChain: el crédito
Rodríguez y Fookes sueltan un número que vale oro: el crédito bancario en Venezuela equivale a menos del 5% del PIB, frente a más del 40% en Colombia. Traducido al día a día: la banca venezolana presta poquísimo. Y cuando el crédito formal no llega, la liquidez no desaparece: se mueve por otros canales. El comerciante que necesita capital de trabajo no espera una aprobación de crédito a plazos que no cierran; acude a un proveedor, a un familiar o al mercado P2P.
Ahí está la clave. En Venezuela el P2P no es un juguete de traders: funciona como un sistema financiero paralelo que compensa la sequía de crédito bancario. Si la intermediación financiera se recupera —como sugiere el escenario—, ese rol podría reacomodarse, no desaparecer.
¿Qué pasa con el USDT si la historia se materializa?
Si el escenario arranca, entran capital, bancos internacionales, nóminas en divisas y más volumen transaccional. En el corto plazo eso suele traducirse en más liquidez P2P, spreads más ajustados y menos primas por pagos en efectivo o por métodos poco comunes. Más competencia entre cambistas, en teoría, presiona los márgenes a la baja.
Pero aquí viene el matiz que muchos ignoran: una recuperación macro no desarma la dolarización de facto de un día para otro. La gente no vuelve al bolívar porque un informe sea optimista. Vuelve cuando hay confianza sostenida en el sistema de pagos, y eso se construye con años de estabilidad, no con un paper. El USDT como reserva de valor seguirá teniendo sentido mientras la inflación y la incertidumbre regulatoria sigan sobre la mesa.
El dólar, la brecha y el BCV
Si entran divisas por petróleo, minería y manejo de deuda, el BCV tendría más munición para intervenir el tipo de cambio oficial. Eso podría estrechar la brecha con el paralelo y, dependiendo del volumen, abaratar el dólar que hoy muchos usan como referencia para cotizar el USDT. Ojo con esto: buena parte de la estrategia de tenedores de stablecoins en Venezuela está atada al comportamiento de esa brecha. Un escenario de convergencia cambiaria cambia las cuentas.
Los terremotos del 24 de junio
El documento menciona el doble sismo como un elemento coyuntural que no se puede reducir a números. Sin ignorar el costo humano y material, la reconstrucción implica mayor demanda de importaciones, infraestructura y financiamiento, lo que en el corto plazo presiona al alza la necesidad de dólares. Es decir: reconstrucción y estabilidad cambiaria no siempre van de la mano.
Las señales que hay que vigilar
Para no quedarse en el titular, en PitbullChain seguimos estas pistas: evolución del crédito bancario como porcentaje del PIB, producción petrolera y licencias, flujo de remesas, comportamiento de la brecha cambiaria, volumen y spread del par USDT/VES en los principales exchanges y cualquier movimiento regulatorio que toque a los exchange o a los comercios que aceptan cripto. Esas seis variables dirán más sobre el futuro inmediato que cualquier proyección a diez años.
Nuestra lectura
El escenario de McKinsey es serio, pero condicionado. No cambia tus hábitos de mañana ni el precio del USDT de hoy. Lo que sí sugiere es que el tablero financiero venezolano de la próxima década puede ser muy distinto al actual: más inversión, más banca y, probablemente, un P2P más maduro y menos artesanal. Quien entienda el cruce entre recuperación macro y adopción cripto tendrá ventaja. Nosotros seguiremos midiendo con datos de mercado, no con titulares.
Este contenido es informativo y no constituye asesoría financiera.


