Lo que se cocinó en Nueva York
La diplomacia venezolana volvió a mover ficha en el tablero multilateral. El canciller Félix Plasencia sostuvo un encuentro bilateral con Pedro Manuel Moreno, quien despacha como secretario general interino de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), para pasar revista al estado de la cooperación entre Caracas y ese organismo.
Pero lo jugoso del anuncio no está en el repaso de lo ya hecho, sino en el menú de lo que viene: facilitación del comercio, promoción y diversificación de exportaciones, inversiones, comercio electrónico y economía digital. Es decir, temas que tocan de cerca el ecosistema donde se mueven los usuarios venezolanos de criptomonedas, los cambistas P2P y las fintech que intentan sobrevivir en el país.
Plasencia también aprovechó la gira para reunirse con sus pares de Jamaica, Kamina Johnson Smith, y de Angola, Tété António, con el objetivo de revisar relaciones bilaterales. La agenda culminaría con una mesa de trabajo en Caracas, donde instituciones nacionales y expertos de la UNCTAD evaluarían proyectos existentes y definirían una hoja de ruta concreta en áreas prioritarias.
Comercio electrónico: la puerta que puede abrir el P2P
Cuando un organismo internacional habla de «comercio electrónico» y «economía digital» en un país donde la banca tradicional arrastra años de restricciones, sobrecostos y corresponsalía golpeada, el oído del mercado cripto se activa de inmediato. La razón es simple: en Venezuela, buena parte del comercio digital ya ocurre, de facto, sobre rieles que no dependen de un banco: wallets, exchanges y, sobre todo, el mercado P2P de USDT.
Ese mercado funciona hoy como una suerte de sistema operativo financiero paralelo. El usuario que recibe remesas, el comerciante que necesita pagar a un proveedor en el exterior o el profesional que cobra en dólares digitales pasan por ahí porque el sistema bancario formal no siempre ofrece una vía rápida, barata y confiable. Si la UNCTAD aporta asistencia técnica en pagos digitales, pasarelas y normativa de comercio electrónico, el efecto podría ser doble: por un lado, incentivo para que la banca formal se suba al tren; por el otro, presión regulatoria sobre un ecosistema que hasta ahora se movió en zona gris.
El riesgo latente: regular sin asfixiar
No todo lo que brilla en los documentos multilaterales termina beneficiando al usuario final. La asistencia técnica suele venir acompañada de recomendaciones sobre prevención de legitimación de capitales, trazabilidad de operaciones y controles cambiarios. Aplicadas con mano dura y sin diálogo con el sector, esas recetas pueden traducirse en bloqueos de cuentas, exigencia de reportes imposibles para pequeños cambistas y un frenazo a la liquidez que hoy sostiene el P2P venezolano. La pregunta que PitbullChain deja sobre la mesa es quién se sentará en esa mesa de trabajo de Caracas: ¿solo funcionarios, o también representantes de las plataformas y de los usuarios?
Diversificar exportaciones: el dólar y el USDT en el centro
Hablar de promover y diversificar exportaciones en Venezuela es hablar, inevitablemente, de cómo entra y sale la divisa. El país exporta bienes y servicios a un ritmo menor que su potencial, y muchas transacciones se cierran en dólares en efectivo o en stablecoins por la vía rápida. Si la UNCTAD logra destrabar mecanismos de facilitación del comercio —documentación, logística, pagos transfronterizos— podría reducirse la fricción que hoy empuja a los operadores hacia el USDT como moneda de liquidación.
Paradójicamente, ese mismo escenario tiene un lado favorable para el ecosistema cripto. Un comercio exterior más ágil exige infraestructura de pagos modernos, y ahí las stablecoins ya demostraron ser una herramienta eficiente para liquidar entre países con sistemas bancarios desconectados del dólar. La oportunidad no es que desaparezca el USDT, sino que deje de ser la única salida de emergencia y pase a ser una opción más dentro de un ecosistema con reglas claras.
La pata coja: banca digital y tasa oficial
Ningún plan de economía digital aterriza sin un sistema financiero que acompañe. La banca venezolana ha avanzado en aplicaciones móviles, tarjetas prepagadas y transferencias inmediatas, pero sigue atada a un entorno de regulación cambiaria que complica la operación en divisas. El BCV marca la pauta de la tasa oficial, mientras el mercado paralelo y las cotizaciones implícitas del P2P marcan la pauta real del día a día. Esa brecha es la que termina definiendo cuánto paga un comerciante por un USDT y cuánto recibe al venderlo.
Cualquier cooperación técnica que ignore esa realidad corre el riesgo de producir documentos bonitos y cero impacto. En cambio, si la mesa de Caracas logra traducir las recomendaciones en normas viables —licencias para operadores, estándares de identidad digital, lineamientos de cumplimiento proporcionales al tamaño del negocio— el mercado P2P podría dar el salto de la informalidad a la institucionalidad sin perder liquidez.
Lo que PitbullChain vigila
Tres elementos marcarán si este acercamiento con la UNCTAD se convierte en algo más que un titular diplomático. Primero, la fecha y la composición de la mesa de trabajo en Caracas: si se convoca solo a instituciones públicas, el sector cripto quedará fuera de la conversación que más le afecta. Segundo, si aparece una propuesta concreta sobre comercio electrónico transfronterizo y pagos digitales, terreno donde las stablecoins ya tienen kilometraje. Y tercero, si la banca nacional recibe incentivos para integrar rieles digitales, algo que cambiaría el balance frente al USDT.
Mientras eso se define, el venezolano de a pie seguirá haciendo lo que mejor sabe: resolver. Y hoy lo resuelve con un teléfono, una app y un par de USDT. Cualquier política pública que quiera ser relevante en este país tendrá que empezar por reconocer esa realidad, no por ignorarla.



