Venezuela y Angola volvieron a sentarse en la misma mesa. En el marco de la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, el canciller Félix Plasencia se reunió con su homólogo angoleño, Tété António, para repasar la agenda bilateral y definir hacia dónde camina la cooperación entre ambos países. El foco del encuentro: energía y minería, con la promesa de destrabar nuevas oportunidades de inversión.

Para un portal como PitbullChain, que vive pegada al día a día del mercado P2P y al comportamiento del dólar paralelo, la pregunta obvia es otra: ¿esto toca el bolsillo del venezolano que cambia USDT todos los días? La respuesta corta es que no de inmediato. La respuesta larga merece matices.

Lo que realmente se discutió en Nueva York

Según trascendió del encuentro, ambas delegaciones revisaron el estado de la agenda bilateral e identificaron áreas prioritarias de trabajo conjunto. Entre los puntos que destacan están las proyecciones en materia energética —hidrocarburos, gas, electricidad— y la cooperación en el sector minero, un terreno donde Venezuela lleva años buscando capital externo para reactivar el Arco Minero y otras zonas auríferas.

Angola no es un socio cualquiera: es un país petrolero de peso en África, miembro de la OPEP, con experiencia en gestión de bloques offshore y con un aparato estatal que ha aprendido a moverse entre sanciones, financiamiento chino y acuerdos con Occidente. Para Caracas, ese perfil resulta atractivo: un aliado que entiende de petróleo, de minerales y de operar bajo presión internacional.

El detalle incómodo: Angola y su postura frente a las criptos

Aquí conviene frenar el entusiasmo. Angola aprobó en 2024 una normativa que penaliza la minería de criptoactivos y restringe su uso dentro del territorio, siguiendo la línea dura que han adoptado varios bancos centrales africanos. Es decir, el mismo país con el que Venezuela quiere hablar de minería mantiene una postura abiertamente hostil hacia el ecosistema cripto.

Eso no impide que se firmen memorandos sobre oro, diamantes o hierro, pero sí deja claro que cualquier acuerdo energético-minero entre Caracas y Luanda se moverá en el mundo físico, no en el digital. Nadie debería esperar que de estas conversaciones salga un corredor cripto bilateral. Al menos no por ahora.

¿Y qué tiene que ver esto con el P2P venezolano?

Más de lo que parece, aunque de forma indirecta. Cuando un país firma acuerdos para reactivar minas y campos petroleros, lo que se mueve primero es la expectativa: llegan misiones técnicas, contratistas, y con ellos, una demanda puntual de divisas en efectivo y de pagos internacionales. En Venezuela, esa demanda suele terminar resolviéndose por vías alternas, y una de las más usadas es el mercado P2P.

Un contratista que necesita pagar viáticos a una cuadrilla en Ciudad Guayana, o una empresa de servicios que debe cancelar a un proveedor en el exterior, rara vez pasa por una transferencia bancaria tradicional. Muchas veces compra USDT en el P2P, lo envía y el receptor lo cambia por la moneda local que necesite. Si los proyectos de energía y minería avanzan, ese flujo podría crecer, aunque sea de forma modesta.

El oro también se cotiza en dólares digitales

Hay otro punto que vale la pena subrayar: la minería aurífera venezolana opera desde hace años con una lógica donde el dólar en efectivo y, cada vez más, el USDT funcionan como moneda de liquidación. Un acuerdo que formalice inversión extranjera en el sector podría empujar a los operadores hacia mecanismos de pago más rastreables, y ahí las stablecoins tienen una ventaja evidente frente al efectivo: son verificables, rápidas y no requieren mover fajos de billetes por carretera.

El dólar, el BCV y la banca digital: lo que no cambia

Seamos claros: ni una reunión en la ONU, ni diez, van a mover la tasa oficial del BCV mañana. El tipo de cambio que publica el Banco Central sigue respondiendo a su propia lógica de intervención y a la liquidez que inyecta en el sistema. Lo que mueve el P2P es otra cosa: la oferta y demanda real de divisas, la velocidad con que la banca digital procesa las operaciones y la confianza de los usuarios en que su dinero va a llegar.

Y ahí sigue el cuello de botella. La banca venezolana ha mejorado en apps y pagos móviles, pero las limitaciones de transferencias, los montos topados y la lentitud de algunas plataformas empujan a los usuarios a resolver por fuera del sistema financiero. Por eso el P2P no es un capricho: es una respuesta práctica a un sistema que no termina de aceitarse.

Nuestra lectura en PitbullChain

El acercamiento con Angola es una noticia interesante en el plano geopolítico y, sobre todo, en el energético. Pero para el mercado cripto venezolano es, por ahora, una señal más de contexto que un catalizador directo. Lo que sí podemos anticipar es que cualquier reactivación real de la minería y del sector petrolero traerá consigo más necesidad de pagos internacionales, más demanda de dólares digitales y más presión sobre un P2P que ya opera como columna vertebral de la economía informal venezolana.

Si algo hemos aprendido en estos años es que Venezuela siempre encuentra la manera de liquidar valor, con o sin permiso de los bancos. El USDT se ha convertido en ese idioma común. Y mientras los cancilleres hablan de energía y minerales, el mercado ya está pensando en cómo cobrar.