Tres licencias, un mismo mensaje: flexibilizar sin soltar el control
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos movió una pieza largamente esperada. A través de la OFAC, publicó este 28 de septiembre las Licencias Generales 46E, 48D y 49B, que sustituyen a las versiones 46D, 48C y 49A y reabren espacio para que compañías estadounidenses vuelvan a moverse en el sector energético venezolano. No es una apertura total ni un levantamiento de sanciones: es una flexibilización con supervision estricta, arbitraje con fecha de vencimiento y reportes periódicos al Tesoro.
Lo que queda habilitado
La 46E permite comprar, vender, transportar, refinar y comercializar crudo, derivados y petroquímicos de origen venezolano con destino al mercado estadounidense, incluyendo la contratación de servicios marítimos y portuarios con instituciones locales. La 48D autoriza el envío desde Estados Unidos de bienes, software, tecnología y asistencia técnica para exploración, producción y mantenimiento en hidrocarburos, y también para infraestructura de generación, transmisión y distribución eléctrica. La 49B, la más comentada, abre la fase preparatoria de nuevas inversiones: negociar, firmar contratos contingentes y ejecutar auditorías y procesos de diligencia debida en materia legal, técnica y ambiental.
Lo que sigue cerrado
Ahí está el detalle que a PitbullChain le interesa. Ningún contrato firmado bajo la 49B puede ejecutarse ni generar desembolsos hasta que exista una licencia específica e independiente otorgada por la OFAC. La 48D prohíbe exportar o reexportar diluyentes hacia Venezuela y crear nuevas empresas conjuntas directas. Y la 46E cierra tres puertas de golpe: nada de pagos con criptomonedas emitidas por Venezuela —el caso del Petro—, nada de transacciones en oro y nada de esquemas de reestructuración de deuda.
El punto cripto: por qué esto no es un abrazo al USDT
Las licencias son explícitas en cómo debe circular el dinero. Cualquier pago monetario dirigido a entidades o personas sancionadas, salvo impuestos y tasas locales, tiene que canalizarse por las cuentas oficiales de los Foreign Government Deposit Funds regulados por la Orden Ejecutiva 14373, o por las cuentas que indique el Tesoro. Los contratos con el Gobierno venezolano o con PDVSA deben resolver disputas en tribunales o centros arbitrales de Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Singapur. Se excluye por completo a personas y empresas vinculadas a Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y China. Y las partes deben reportar volúmenes, montos, contrapartes y tributos diez días después de la primera transacción, y luego cada 90 días.
Traducido al mercado local: el flujo institucional que habilita esta flexibilización está diseñado para pasar por la banca formal, no por wallets ni por mesas P2P. El USDT no está mencionado como moneda prohibida —la prohibición aplica a emisiones venezolanas como el Petro—, pero el marco de cumplimiento empuja a contratistas, técnicos y empresas de servicio a cobrar y pagar por canales bancarios para no quedar fuera del paraguas.
El impacto real en la calle venezolana
Para el usuario de a pie, el cambio no será inmediato. El mercado P2P que mueve USDT contra bolívares seguirá operando en paralelo a la banca, como lo hace desde hace años. Sin embargo, hay tres efectos que vale la pena vigilar.
Primero, la liquidez. Si entran divisas por el circuito petrolero y eléctrico, la oferta de dólares en el sistema bancario nacional podría crecer. Eso presiona a la baja el tipo de cambio paralelo, estrecha la brecha con la referencia del BCV y mueve directamente el precio al que se compra y se vende USDT en P2P. Un spread más corto significa menos ganancia por operación y, probablemente, más volumen.
Segundo, la migración de flujos. Parte de la demanda institucional de stablecoins —la que venía de empresas que cobraban en USDT por servicios al sector energético— puede migrar hacia pagos bancarios regulados para cumplir con las licencias. La demanda que no se va es la de las personas naturales: remesas, ahorro, pagos cotidianos y refugio de valor frente a la inflación.
Tercero, el compliance. Con reportes obligatorios y auditorías de por medio, el ecosistema local se inclina hacia mesas P2P con verificación de identidad, historial de wallets y comprobantes de origen de fondos. Quien opere en la informalidad queda más expuesto que nunca.
Un giro geopolítico que redibuja intermediarios
La exclusión de Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y China deja fuera a varios operadores que en los últimos años aparecieron como intermediarios naturales del comercio venezolano. Esa esquina del mapa podría reacomodarse, con más espacio para firmas estadounidenses, europeas y asiáticas no sancionadas, y con ellas, nuevas exigencias de bancarización.
Qué debemos vigilar en las próximas semanas
- La tasa USDT/VES y la brecha cambiaria en los principales exchanges P2P.
- Anuncios de bancos corresponsales y apertura de cuentas para operadores energéticos.
- Volumen de operaciones P2P y aparición de nuevas mesas con KYC estricto.
- Comunicados de PDVSA y del Ministerio de Energía sobre contratos contingentes.
- Nuevas licencias específicas que permitan ejecutar lo firmado bajo la 49B.
Nuestra lectura
La flexibilización de la OFAC puede traer dólares formales, inversión técnica y algo de oxígeno para la economía, pero también trae reglas más duras y un cerco más claro alrededor de las criptomonedas de emisión local. Para el mercado P2P venezolano, la noticia no es ni un balazo ni una bendición: es un cambio de escenario donde la transparencia deja de ser un adorno y se convierte en requisito para operar. En un país donde el USDT funciona como termómetro diario de la confianza, la pregunta no es cuántos dólares entran, sino por dónde entran y quién puede tocarlos. En PitbullChain seguiremos midiendo cada movimiento con la tasa, el volumen y la calle.



